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SONETOS DE QUEVEDO


PERTENECIENTES AL PARNASO ESPAÑOL, 1648 (pp. 60-63, 80-86)

I

Enseña a morir antes y que la mayor parte de la muerte es la vida y esta no se siente, y la menor, que es el último suspiro, es la que da pena.

Señor don Juan, pues con la fiebre apenas

se calienta la sangre desmayada,

y por la mucha edad, desabrigada,

tiembla, no pulsa, entre la arteria y venas;

pues que de nieve están las cumbres llenas,

la boca, de los años saqueada,

la vista, enferma, en noche sepultada,

y las potencias, de ejercicio ajenas,

salid a recibir la sepoltura,

acariciad la tumba y monumento;

que morir vivo es última cordura.

La mayor parte de la muerte siento

que se pasa en contentos y locura,

y a la menor se guarda el sentimiento.

II

Represéntase la brevedad de lo que se vive y cuán nada parece lo que se vivió.

"ª Ah de la vida!"... «Nadie me responde?

ª Aquí de los antaños que he vivido!

La Fortuna mis tiempos ha mordido;

las horas mi locura las esconde.

ª Que sin poder saber cómo ni adónde

la salud y la edad se hayan huido!

Falta la vida, asiste lo vivido,

y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado;

hoy se está yendo sin parar un punto:

soy un fue, y un será, y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer, junto

pañales y mortaja, y he quedado

presentes sucesiones de difunto.

III

Signifícase la propria brevedad de la vida, sin pensar,y con padecer, salteada de la muerte.

ªFue sueño ayer; mañana será tierra!

ªPoco antes, nada; y poco después, humo!

ªY destino ambiciones, y presumo

apenas punto al cerco que me cierra!

Breve combate de importuna guerra,

en mi defensa, soy peligro sumo;

y mientras con mis armas me consumo,

menos me hospeda el cuerpo que me entierra.

Ya no es ayer; mañana no ha llegado;

hoy pasa, y es, y fue, con movimiento

que a la muerte me lleva despeñado.

Azadas son la hora y el momento

que, a jornal de mi pena y mi cuidado,

cavan en mi vivir mi monumento.

IV

Repite la fragilidad de la vida, y señala sus engaños y sus enemigos.

«Qué otra cosa es verdad sino pobreza

en esta vida frágil y liviana?

Los dos embustes de la vida humana,

desde la cuna, son honra y riqueza.

El tiempo, que ni vuelve ni tropieza,

en horas fugitivas la devana;

y, en errado anhelar, siempre tirana,

la Fortuna fatiga su flaqueza.

Vive muerte callada y divertida

la vida misma; la salud es guerra

de su proprio alimento combatida.

ªOh, cuánto, inadvertido, el hombre yerra:

que en tierra teme que caerá la vida,

y no ve que, en viviendo, cayó en tierra!

V

Prevención para la vida y para la muerte.

Si no temo perder lo que poseo,

ni deseo tener lo que no gozo,

poco de la Fortuna en mí el destrozo

valdrá, cuando me elija actor o reo.

Ya su familia reformó el deseo;

no palidez al susto, o risa al gozo

le debe de mi edad el postrer trozo,

ni anhelar a la Parca su rodeo.

Sólo ya el no querer es lo que quiero;

prendas de la alma son las prendas mías;

cobre el puesto la muerte, y el dinero.

A las promesas miro como a espías;

morir al paso de la edad espero:

pues me trujeron, llévenme los días.

VI

Arrepentimiento y lágrimas debidas al engaño

Huye sin percibirse, lento, el día,

y la hora secreta y recatada

con silencio se acerca, y, despreciada,

lleva tras sí la edad lozana mía.

La vida nueva, que en niñez ardía,

la juventud robusta y engañada,

en el postrer invierno sepultada,

yace entre negra sombra y nieve fría.

No sentí resbalar, mudos, los años;

hoy los lloro pasados, y los veo

riendo de mis lágrimas y daños.

Mi penitencia deba a mi deseo,

pues me deben la vida mis engaños,

y espero el mal que paso, y no le creo.

VII

Agradece, en alegoría continuada, a sus trabajos su desengaño y su escarmiento.

ªQué bien me parecéis, jarcias y entenas,

vistiendo de naufragios los altares,

que son peso glorioso a los pilares

que esperé ver tras mi destierro apenas!

símbolo sois de ya rotas cadenas

que impidieron mi vuelta, en largos mares;

mas bien podéis, santísimos lugares,

agradecer mis votos en mis penas.

No tanto me alegrárades con hojas

en los robres antiguos, remos graves,

como colgados en el templo y rotos.

Premiad con mi escarmiento mis congojas;

usurpe al mar mi nave muchas naves;

débanme el desengaño los pilotos.

VIII

Conoce la diligencia con que se acerca la muerte,y procura conocer también la conveniencia de su venida, y aprovecharse de ese conocimiento.

Ya formidable y espantoso suena,

dentro del corazón, el postrer día;

y la última hora, negra y fría,

se acerca, de temor y sombras llena.

Si agradable descanso, paz serena

la muerte, en traje de dolor, envía,

señas da su desdén de cortesía:

más tiene de caricia que de pena.

«Qué pretende el temor desacordado

de la que a rescatar, piadosa, viene

espíritu en miserias anudado?

Llegue rogada, pues mi bien previene;

hálleme agradecido, no asustado;

mi vida acabe, y mi vivir ordene.

IX

Muestra el error de lo que se desea y el acierto en no alcanzar felicidades.

Si me hubieran los miedos sucedido

como me sucedieron los deseos,

los que son llantos hoy fueran trofeos:

ª mirad el ciego error en que he vivido!

Con mis aumentos proprios me he perdido;

las ganancias me fueron devaneos;

consulté a la Fortuna mis empleos,

y en ellos adquirí pena y gemido.

Perdí, con el desprecio y la pobreza,

la paz y el ocio; el sueño, amedrentado,

se fue en esclavitud de la riqueza.

Quedé en poder del oro y del cuidado,

sin ver cuán liberal Naturaleza

da lo que basta al seso no turbado.

X

Contiene una elegante enseñanza de que todo lo criado tiene su muerte de la enfermedad del tiempo.

Falleció César, fortunado y fuerte;

ignoran la piedad y el escarmiento

señas de su glorioso monumento:

porque también para el sepulcro hay muerte.

Muere la vida, y de la misma suerte

muere el entierro rico y opulento;

la hora, con oculto movimiento,

aun calla el grito que la fama vierte.

Devanan sol y luna, noche y día,

del mundo la robusta vida, ª y lloras

las advertencias que la edad te envía!

Risueña enfermedad son las auroras;

lima de la salud es su alegría:

Licas, sepultureros son las horas.

XI

Descuido del divertido vivir a quien la muerte llega impensada.

Vivir es caminar breve jornada,

y muerte viva es, Lico, nuestra vida,

ayer al frágil cuerpo amanecida,

cada instante en el cuerpo sepultada.

Nada que, siendo, es poco, y será nada

en poco tiempo, que ambiciosa olvida;

pues, de la vanidad mal persuadida,

anhela duración, tierra animada.

Llevada de engañoso pensamiento

y de esperanza burladora y ciega,

tropezará en el mismo monumento.

Como el que, divertido, el mar navega,

y, sin moverse, vuela con el viento,

y antes que piense en acercarse, llega.


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